"Un Atasco", ese soniquete resabioso perpetrado por La Plata, la presunta revelación musical que osó ensamblar atisbos de post-punk con reminiscencias de new wave, en un amasijo tan indigesto como prescindible. Un aborto sonoro que, como atrapados en un sempiterno looping del devenir artístico, logra ilustrar a la perfección la tragicómica falta de imaginación de la industria en los últimos años. Esa voz impostada que hilvana frases vacías, desprovistas de sentido, no hace más que evocar las embajadas de circunstancias a la moda del cantante de turno. Tales efluvios solo pueden entenderse como la melancólica banda sonora del ego de unos aprendices de illuminati musicales, claramente influenciados por esos demiurgos del aburrimiento y vacío cultural llamados The Cure y New Order, aunque nada tienen que ver. Y por supuesto, incurrir en la criminal incorrección de comparar este espurio pastiche contemporáneo con los egregios arquitectos musicales que fueron Joy Division roza lo blasfemo para cualquier amante de la música que se precie.