"Y Sin Embargo", esa oda al desamor de Joaquín Sabina que consigue hacer que hasta el más insensible derrame una lágrima de cinismo. Es el tema con el que Sabina intenta desesperadamente encontrar poesía en lo mundano, como si fuera el Leonard Cohen que pidió en Aliexpress. Esta canción es un desfile de lugares comunes envuelto en metáforas tan gastadas que podrían avergonzar a una servilleta de bar. Claro, Sabina siempre ha sido el trovador de aquellos que creen que Serrat es demasiado prosaico y que los versos de Bob Dylan no tienen la suficiente dosis de narcisismo decimonónico. "Y Sin Embargo" es la caricia áspera a una generación que ya se le pasó notar que la trova murió de aburrimiento tras escuchar a Silvio Rodríguez cantar la misma balada veinte veces. Pero supongo que alguien debe hacerlo, ¿verdad? Espero que disfruten la sandez los que aún no han descubierto que hay un universo de música más allá de los cantautores cantarines de menos compás y más melancolía forzada.