"Dove" de Dharmacide, ese fascinante intento de darle al mundo lo que nunca pidió: otro soporífero experimento sónico que gime mediocridad desde sus entrañas. Porque, claro, ¿quién no querría un remix de las soporíferas secuelas de Radiohead regurgitadas por un spoileado aprendiz de My Bloody Valentine que se quedó dormido sobre el sintetizador? Muchas gracias, Dharmacide, por recordarnos que siempre se puede contar con alguien para tratar de resucitar el cadáver moribundo del shoegaze con menos gracia que un concierto de Coldplay en modo acústico. Si la irrelevancia musical tuviera un soundtrack, "Dove" sería la obra maestra indiscutible.