"Tanto En Común" de Cristo Chaparro es el enésimo intento fallido de destilar superficialidad en una canción. Una charla de ascensor musicalizada que demuestra con creces que el minimalismo lírico ha tocado fondo. ¿Cómo puede una canción tener tanto en común con los clichés de romances mal contados y aún pretender ser innovadora? Chaparro parece emular a algún hijo no reconocido de Alejandro Sanz y Pablo Alborán, pero solo consigue acabar en la pila de imitadores de tercera categoría. Su intento de imitar la emoción genuina de un Nick Drake o la habilidad lírica de un Joaquín Sabina es tan efectivo como intentar resucitar un cadáver con una taza de espresso. Seguro, hay acordes, hay voz, hay todo lo que podría elevar una canción... menos originalidad y alma.