Rosalía y su "Berghain". Una ilustre insinuación de la fama es penetrar en el club más pretenciosamente exclusivo de Berlín sin que Sven Marquardt te fulmine con la mirada. No obstante, la canción carece de la suciedad y el misticismo que esperarías de un homenaje sonoro al templo del techno. En lugar de sonar como una oda a la electrónica vanguardista, retumba con la trivialidad de sintetizadores que parecen rescatados de una sesión de prácticas de Ableton. Aparentemente, Rosalía se ha hospedado en la anodina puerta giratoria del pop urbano, donde ha colgado su flamenco como si fuera un abrigo anticuado. Se echó de menos a Kraftwerk, esos sí eran germanos disruptivos, o incluso a una pizca de la influencia goth-ebm que esperaría el que realmente haya vivido un 'off your head' en Berghain. Pero aquí estamos, con una canción que pasará al alto olvido y una revelación: tener entradas para la moda del club no te garantiza tener un válido mixtape que lo respalde.