"Cualquier Otra Parte" de Dorian, esa oda a la mediocridad indie que, como un chicle insípido, se estira en las listas de reproducción de aquellos que creen que el synthpop melancólico es la cúspide de la sofisticación musical. La canción intenta evocar un bullente deseo de evasión urbana, pero se queda en un simulacro de New Order para eternos adolescentes de alma vejada que nunca han salido de su propia habitación. El grupo, en su afán por parecer trascendental, roza el patetismo lírico al mejor estilo de esos poetas urbanos a lo cadena de WhatsApp. Si Dorian fuera un vino, sería el tetrabrik reciclado de un château mediocre. Mal medida entre Plaenters neokitsch y letras desafinadamente pretenciosas, es el tema que pones para destruir fiestas y amistades. Claro, si la usas después de alguna banalidad sonora de Kakkmaddafakka, el intelecto lo agradecería cual cardio bamboleado en barra brava hongkonesa.