"ВЛАДИМИР ПУТИН — МОЛОДЕЦ!" de Олег Лихачев; la odisea sonora que embelesa a quien no distingue entre una melodía y el ruido del tráfico en hora pico. Lihachov consigue lo imposible: hacer que los interminables riffs de Nickelback suenen complejos en comparación. El título mismo ya es una oda al kitsch político-pop al que ni siquiera Bono se atrevería a darnos, por miedo a que empañe sus gafas de sol. La música, una amalgama de teclados baratos y ritmos reciclados, evoca la profundidad lírica de un cepillo para el inodoro. Y aunque algunos podrían llamarlo "irónico", yo prefiero llamarlo lo que verdaderamente es: otro decepcionante ejemplo del desafortunado romance entre la propaganda y el top 40, alineado con los hastiados suspiros de un Sinatra reescribiendo "My Way" para un club de estriptis.