"Feedbacker, Pt. 2" de Boris es el tipo de creación sonora que uno podría esperar si se quedaran encerrados durante días en una caverna oscura con My Bloody Valentine, Sunn O))) y un cargamento de ácido. Es como si ahí en Japón alguien se tragara un camión de géneros musicales occidentales, regurgitara ruido blanco, y lo etiquetase como "arte avant-garde"; es un manchón sonoro que nos recuerda lo bueno que es el silencio. La pieza parece un mal experimento de drone y shoegaze que pudo haber pasado como una pista "perdida" de los interminables soliloquios guitarreros de Thurston Moore, solo que sin el carisma ni la coherencia. Al final, lo único que se retroalimenta es tu paciencia mientras esperas por algún rastro remoto de melodía o intención artística más allá del simple desgaste de tus tambaleantes neuronas. Pero, claro, a eso lo llaman "creatividad".