"Young Lovers" de City and Colour, ese intento de Dallas Green de convencernos de que el indie folk todavía tiene algo nuevo que ofrecer, como si no hubiéramos escuchado ya suficientes baladas susurrantes desde los tiempos en que Bon Iver nos hizo pensar que grabar en una cabaña era equivalente a sensibilidad musical. Green canta con esa melancolía de manual, ideal para hipsters que creen que las palabras susurradas tienen más profundidad. Claro, su voz es técnicamente impecable, pero es como ponerle un motor de Ferrari a un triciclo: impresionante, aunque completamente innecesario. Si se trata de desamor, personalmente prefiero la crudeza de Nick Cave o la belleza demacrada de Elliott Smith antes que este regodeo insípido en emociones enlatadas. Pero, por supuesto, ahí está, listo para la playlist de tu próxima sesión de yoga emocional o el fondo musical para esos momentos Instagrammables de «autenticidad».