"Basket Case" de Green Day, ese fervor adolescente disfrazado de himno punk que patéticamente intenta rozar la grandeza de verdaderos maestros como The Clash o Dead Kennedys, pero se queda en un chirriante balbuceo de riffs reciclados. Billie Joe Armstrong, en su desesperada búsqueda de autenticidad, vocaliza su neurosis con una voz taimada que no logra ni el carisma de Iggy Pop ni la intensidad emocional de Kurt Cobain. Todo en esta canción destila una angustia forzada, una mono-emoción que grita "mira cuánto sufro" sin el mínimo esfuerzo lírico. Y no me hagan empezar con el bajo de Mike Dirnt, que palidece en comparación con la destreza de Flea de Red Hot Chili Peppers o la contundencia de Paul Simonon. ¡Qué decir del intento ridículo de "alexitmización" juvenil, que nunca llega ni tan siquiera al calibre de un himno de Blink-182! Basket Case, más que un clásico del punk-pop, es un síntoma claro de la decadencia del género y —cómo no— del asfixiante tedio de la vida moderna.