"Paint It, Black" de The Rolling Stones, ese monumento anticuado al melodrama adolescente disfrazado de psicodelia proto-gótica. La guitarra de Brian Jones intenta, con patética desesperación, parecer exótica con su pobre intento de imitar el sitar, mientras Jagger gime con la profundidad emocional de un gato atrapado en una caja de cartón. Claro, es el himno de los apáticos aspirantes a rebeldes de los sesenta, todos ellos pretendiendo que sus almas eran tan oscuras como el tinte de cabello que compraban por veinte centavos. Quizás alguno todavía crea que está alinear al nivel de "Yesterday" de The Beatles o incluso fingir tener la irreverencia de "My Generation" de The Who. Pero, al final del día, hasta Aqua en "Barbie Girl" supo entregar un producto con más autenticidad, al menos no pretendían ser otra cosa que lo que eran. Fantasmagórico, en efecto, pero principalmente porque es un fantasma del pasado en un parpadeo a su insipidez.