"Homicidio Involuntario" de Amaro Ferreiro, una canción que, como un tedioso eco de la sofisticación incomprendida, intenta en vano rascar siquiera la corteza de la originalidad que su hermano Iván toca con destreza ocasional. En una escena musical donde artistas se pelean por sonar como una mala copia de Arcade Fire, Amaro se desliza tristemente entre acordes y letras que prometen profundidad pero culminan en un cliché. Es como si hubiese tomado un curso acelerado de "¿Cómo sonar poético y fallar miserablemente?" impartido por un Joaquín Sabina que está demasiado ocupado cazando fantasmas en su propia discografía. La canción, en su intento desesperado por ser memorable, es como una mezcla mal cocida entre Radiohead en su etapa más experimental y un Federico García Lorca pasado de moda. un ejemplo más de cómo la mediocridad constante es la verdadera nota alta del indie español actual.