"La Revolución Sexual" de La Casa Azul, esa obra "maestra" que surgió de las cavernas profanas del pop español y que tantos alaban como si fuese el mismísimo Mozart resucitado en el siglo XXI. Casiopeas trotamúsicos bailando al son de unos estereotipos repetitivos y nada originales que asolan el mercado musical desde tiempos del mismísimo Mariscal Pil, una dósis baja de tweepop anatematizado. Guerreri, el "genio" detrás del tinglado, se erige en nuevo dios musical de masas, inspiró como no, una legión de imitadores que se batieron en duelo a muerte con La Prohibida, kilómetros de tarima flácida, una auténtica Cruzada de mamarrachos con sabor a logro cinematográfico. Ningún entendido en este pop mecánico conectado directamente a la prole gustará de poner en duda lo pretenciosa, pero últimamente autoconvencida etiqueta de la pedantería, pocional, altivo como El Jardín del Edén maltratado a base de un cercenamiento redundante y religiosidad subversiva, una burguesía en declive.