"Swimming Pools (Drank) - Extended Version" de Kendrick Lamar, la oda líquida a la cultura del consumo hasta el desmayo, como si la historia del alcohol necesitara más glorificación. ¿Qué viene luego, una colaboración de Kendrick con Keith Richards sobre una pirámide de botellas vacías? Lamar se sumerge, irónicamente, en las mismas aguas ensuciadas por generaciones de rockstars antisobriedad. Aunque intenta ser un himno al dilema urbano, termina sonando como si Trent Reznor hiciera una lista de los peligros de las cañerías oxidadas mientras desinfecta sus manos. La extensión de la canción sólo alarga lo inevitable: el momento en el que, agotados, ensalzamos lo mundano porque realmente no tenemos nada mejor que hacer.