"Method Man" del Wu-Tang Clan, una de esas reliquias de los años 90 que supuestamente definieron el hip-hop pero que en realidad ejemplifican la glorificación del machismo y la violencia de esa época, como si Shakespeare hubiera decidido escribir sobre peleas de gallos. Escucharla es como tragarse un cóctel de ácido sulfúrico y disolvente de pegamento al ritmo de beats convertidos en un santuario para rimas absurdas y autopromocionales. Claro, Method Man se pasea por el beat como si estuviera haciendo equilibrios sobre un hilo dental mientras el resto del Clan lo vitorea en un trasfondo igual de caótico. Pero qué más podemos esperar, esto no es precisamente el eco sofisticado de un Miles Davis reinventando el jazz, ¿verdad? Es más bien una fiesta verborreica de testosterona comparable a un club de aplaudidores perpetuos; mejor búsquense un diccionario si lo que anhelan es contenido, porque aquí van a hallar más bien lo de siempre, palabras regurgitadas sobre un disfraz melódico.