Ay, "Nowhere Man" de The Beatles, otra de esas canciones que nos recuerda que incluso los genios pueden ser terriblemente obvios. Compuesta por John Lennon, el eterno quejica con guitarra, en un rapto de autocompasión al ver que nada le salía bien un día cualquiera. Genial, otra oda a la insatisfacción masculina. Esta "joya" lírica, extraída de ese álbum tan sobrevalorado llamado "Rubber Soul", retrata a un hombre perdido, sin propósito, absolutamente intrascendente. La ironía es que, mientras Lennon canta sobre la mediocridad, millones de fans babean ante una melodía pintoresca pero insípida. Imagina a Dylan, con su mordacidad lírica, echándose una fiesta con esta anodina intentona de profundidad. Un paseo tranquilo, olvidable, como un día cualquiera en la vida del famoso nowhere man. Pero claro, estoy seguro de que sus fans más devotos lo calificarán de obra maestra... cada uno se consuela como puede.