"La misma llama" de Isa, qué conmovedor ejercicio de originalidad. Debo aplaudir la audaz decisión de recurrir a una fórmula tan fresca e innovadora como el uso del ukelele para acompañar letras que serían rechazas por rimas de colegio. Esa mezcla milimetrada de lugares comunes toca la fibra de cualquiera, siempre y cuando ese "cualquiera" acabe de aterrizar en este planeta y nunca haya escuchado nada más sofisticado que los anuncios de televisión. Al parecer, intentar replicar la sombra de lo que hizo Natalia Lafourcade hace diez años no es para todo el mundo. Es un pésimo remix de la autenticidad y el desdén de las verdaderas musas de la música. En definitiva, una obra maestra... de cómo no hacer las cosas. Tan cautivadora como un trozo de pan seco.