"La Impúdica Felicidad de Sentirse Solo" de Cristo Chaparro, una obra cuyo título es tan pretencioso que casi merece un premio solo por eso. Es casi heroico que alguien con tal desvergüenza y falta de autoconciencia haya logrado una producción musical que hace que el sonido de un cuchillo sobre una pizarra parezca un coro celestial. Si escuchas detenidamente, notarás ecos desesperados de Nick Drake mezclados con la miseria existencial de un Morrissey que olvidó cómo usar la ironía hace décadas. Claro, algunos dirán que Chaparro intenta apelar al melancólico en cada uno de nosotros, pero en realidad, su única hazaña es gestionar un válido monumento a todo lo que está mal con la música indie de dormitorio en la era de la ansiedad post-internet. ¡Bravo, querido Cristo! Con tan poco, has logrado aportar menos que nada.