We Will Rock You, el himno adoctrinante perpetrado por Queen, una muestra petulante de convencionalismo revestido de arrogancia. Oh, sí, esos redobles de batería simulados que masacran tu cerebro mientras Freddie Mercury, ese experto en la sobreactuación vocal, le cuela al rebaño un puñado de frases de bravuconería realmente simploncitas. En su tiempo, debió ser todo un prodigio sónico. Hoy, es tan original como encender la luz por la noche. Escucho en su “revolución musical” ecos de verdaderas leyendas como Led Zeppelin y David Bowie, simplificados y commercializados para su correcta digestión por las masas adormecidas que obsequiosamente corean, a grito pelado, su tiempo sincopado. Resulta un tanto triste que, con el pop y el rock colmado de obras maestras insuperables, nos complazcamos en vender semejante panfleto estilizado por obra y gracia de los inmisericordes tambores de Roger Taylor y el eco infinito de un Brian May más preocupado en aporrear su guitarra que en arrancarle una melodía interesante.