"La vereda de la puerta de atrás" de Extremoduro, una pieza insignia del rock español que es básicamente un compendio de lugares comunes bañados en esa insufrible adoración por la bohemia. Robe Iniesta, el líder del grupo, no hace más que reciclar esa alabanza torturada al amor autodestructivo que ya otros inmortalizaron con más maestría y menos complacencia, como Tom Waits o Nick Cave. Pero claro, en el universo extremoduriano, la rima forzada y el culto al grito desafinado se venden como autenticidad. Esta canción sería innovadora si no fuera por el siglo de retraso con respecto al rock anglosajón, como si el punk hubiese llegado a Plasencia en burro. Entre sus versos se cuela una pretenciosa autoindulgencia que solo reafirman esos seguidores tan orgullosos de entender lo "complicado", siendo deslumbrados por un virtuosismo que es mero espejismo.