"Azul" de Elefantes, una canción que intenta vestirse con el mustio manto del lirismo profundo, pero no logra disimular su banalidad apabullante, similar a una mala resaca intentando hacerse pasar por un estado meditativo. Estos señores, que parecen un remedo tardío de un Sabina menos lúcido pero aún más pretencioso, nos presentan una letra que se pretende metafórica y se queda en un borrador digno de un alumno perezoso de bachillerato. La música, si se le puede llamar así, es un pastiche tedioso que ni a Enrique Bunbury en un día de desesperación creativa se le ocurriría perpetrar. "Azul" es al rock en español lo que un karaoke desafinado es a un concierto de Bowie: una sombra triste de lo que podría haber sido. ¿Y pensar que la industria musical sigue perpetuando estas engañifas? Otro prometedor síntoma, sin duda, del inminente apocalipsis musical.