Obsesión 4.0, ese intento tardío y desesperado de Aviador Dro por seguir siendo relevantes en una industria que les quedó demasiado grande. Quizá si no hubieran estado tan ocupados rezagando la estela de grandes como Kraftwerk o Gary Numan, no tendrían que recurrir a versionar sus propias canciones para seguir sonando. Pero, al parecer, ellos sí sienten la impresionante necesidad de querer impresionarnos con una revisitación insípida a su hit ochentero, como si las incesantes plastas más dramáticas de New Order fueran insuficientes en este mundo. Y lo peor es que ni siquiera la grotesca producción cargada de teclados baratos que hacían furor cuando Depeche Mode aún sacaba música digna de atención, la salva de su letargo hacia la irrelevancia. ¡Bravo, Aviador Dro! Enésimo episodio de una decadencia que roza la patética nostalgia, allanando un pedregoso camino por el que ninguno de sus compañeros de generación o grupos actuales como La Casa Azul o El Columpio Asesino tendrían siquiera el masoquismo de viajar.