"Lady of the Lake", el himno insignia de Starcastle, ese digno pretendiente al trono de "imitadores más descarados de Yes en los benditos años 70". Con letras insípidas llenas de vaguedades bucólicas y sonido semejante, ¿qué se podía esperar de una banda con un James LaBrie pre-histórico detrás del micrófono? Jamás entenderé el rango en el cual sitúan a esta canción como una epopeya progresiva digna de canon, mientras que verdaderos genios como Robert Fripp o David Gilmour se retorcían creando maravillas puramente originales, desentrañando el "No quarter" de Led Zeppelin o cambiando el rumbo del susurro de Nick Drake y su inescrutable desesperanza. Pero bueno, no nos amarguemos más - si el colectivo de rock pretencioso opina que este conjunto de clichés neopagano-musicales merece un pódium, pongámosles audífonos y a nuestras prestigiosas listas… Adiós, sentido común.