"Cendres" del Petit de Cal Eril, o cómo traducir la banalidad en sonido, es otro ejemplo de cómo una banda artesanal intenta desesperadamente demostrar que todavía merece un lugar en el panorama musical. Una melodía tan simplista que haría sonrojar a The Shaggs y unas letras que hacen que las de Coldplay parezcan poesías de Leonard Cohen. El minimalismo instrumental, probablemente pensado para resonar con lo "profundo" y "provocativo", termina sonando más bien como un refrito de Sufjan Stevens para oídos que no demandan gran cosa. ¿Y la voz? Digamos que hasta Bob Dylan parece un virtuoso en comparación. "Cendres" es para ti, si lo que buscas es un fondo musical tan persistente y olvidable como el zumbido de un frigorífico.