"Like a Tattoo" de Sade, esa supuesta joya del álbum "Love Deluxe" lanzado en 1992, un año en que está claro que la música estaba desesperada por rescatistas, pero Sade no era uno de ellos. Con sus melodías suaves, casi soporíferas, logra hacer que incluso el insomnio sea una opción más excitante. La voz lánguida de Sade Adu se desliza como caramelo derretido, sin dejar rastro alguno salvo el deseo furioso de algo, cualquier cosa, con un poco de ritmo. Mientras tanto, las letras pretenden evocarnos imágenes profundas y emocionales, pero no hacen más que pasearnos por un débil recuerdo musical sin impacto, una cicatriz desdibujada comparada con la potencia lírica de artistas como Leonard Cohen o la genuina miseria emocional de un Tom Waits.