"Fermín" de Almendra, esa joyita del rock argentino que, a pesar de ser producto de una banda relativamente desconocida para el mundillo internacional, logró rascar superficie gracias a su estilo algo pretencioso pero intrigante. Nos encontramos ante un intento de mezcla de poesía suburbana y melodrama existencial que busca desesperadamente imitar la profundidad lírica de un Dylan o la tormenta emocional de un Lennon, pero sin rozar siquiera sus talones. La progresión musical es una suerte de montonera sonora que, en su afán de parecer vanguardista, acaba siendo un cóctel caótico de sonidos que se asemejan a un ensayo post-punk mal interpretado. Pero, vamos, en un mundo donde Charly aún es recordado por su genio y Soda esté para hacer temblar estadios, Almendra es solo un susurro garabateado en una servilleta olvidada en un bar de once. A veces hasta lo trivial tiene su sitio, aunque sea en el sótano del rock.