"El Tigre del Guadarrama" de Vainica Doble, la joya de las canciones con títulos más prometedores que su ejecución. Las mentes detrás de este dúo decidieron embalsamar su alianza con una mezcolanza crítica a la obsesión madrileña por lo montañés que haría sonrojar a los mismísimos progrockeros de Genesis si no estuvieran demasiado ocupados tragando sus propios excesos sinfónicos. Las Vainica siempre fueron las queridas tías hippies del pop español, esas que tejen sus parrafadas como si los Beatles nunca hubieran cruzado Abbey Road con más de diez acordes. Mientras David Byrne y Brian Eno de Talking Heads reinventaban el sonido de una generación, las Vainica Doble, en su nube de naftalina, nos ofrecieron una cátedra en cómo disertar sobre tópicos bucólicos con una guitarra acústica que probablemente fue afinada por un sordo. "El Tigre del Guadarrama" es el equivalente musical a un empaste dental: absolutamente necesario quizás, pero dolorosamente monótono y sin una pizca de anestesia psicológica.