"Washer" de Slint, esa oda al hastío emocional disfrazada de reflexión melancólica y poética. Como si un grupo de adolescentes con pretensiones de Baudelaire hubieran decidido que el silencio y el monótono arrastre de guitarras bastaban para captar la esencia del desasosiego. La canción podría considerarse un anticipo (bastante cansino, por cierto) del post-rock que explotaron mejor bandas como Godspeed You! Black Emperor más adelante. La voz fantasmagórica y apagada de Brian McMahan suena como si hubiese sido arrancada de una sala de autopsias emocionales, rompiendo contra un muro de letras que pretenden ser profundas pero terminan siendo, digamos... amplias. Comparado con la visceralidad cruda de bandas como Fugazi y la complejidad ingeniosa de Talking Heads, Slint se presenta como el hermano menor en una velada familiar de talentos. Cuando te hayas empapado del hype de "Spiderland", sólo te quedará el sabor metálico del aburrimiento que Waschington llamaría cena. Voilà.