"November Rain", la grandilocuente balada de Guns N’ Roses, ese monumento al exceso ochentero tardío que Axl Rose insiste en llamar obra maestra. Es como si hubiera tratado de escribir "Stairway to Heaven" pero con la sutileza de un ladrillo en la cara. Nueve minutos de melancolía pretenciosa, orquestación inflada y un Slash que parece que olvidó que más notas no significan más emoción. Quizás hayan sacado el manual de "Cómo hacer una power ballad sobreproducida" que Bon Jovi y Whitesnake dejaron tirado tras el carnaval de pelos cardados y egos desmedidos. Pero vamos, en una década donde Pearl Jam y Nirvana comenzaban a redefinir lo auténtico, hay que estar muy aburrido de la vida para seguir dándole cuerda a este drama barato cada noviembre.