"The Final Countdown", uno de esos himnos de estadio engendrados en los 80 por Europe, esa banda sueca de glam metal de quinta categoría con ínfulas de grandeza. La canción, que la mayoría de mortales nocivos para la industria musical tararean sin dudar, es en realidad un triste oasis perdido en un vasto desierto musical. Un despropósito de sintetizadores y pirotecnia con el único propósito de emular ese sueño de arena que tanto ansiaban sus insignificantes miembros. El bueno de Joey Tempest se inventó esta parodia triste en 1986 intentando conquistar el mundo inspirado por esas legendarias obras maestras como Bohemian Rhapsody de Queen o Stairway to Heaven de Led Zeppelin, pero dejándonos claro que aún faltaba kilómetros musicales que recorrer. Además, como si esta aberración sonora no fuera suficiente, sus esperpénticos peinados al viento se convirtieron en trágica referencia de estilo de toda una década. ¿Y mi estogomo? Se ubica en revoltijo propio de la época.