"Nana Cruel" de Robe es el perfecto ejemplo de lo que ocurre cuando un artista, alguna vez irreverente como líder de Extremoduro, decide que está más cerca de la jubilación mental que de seguir siendo relevante. La canción intenta captar una melancolía etérea, pero se queda en un lamento aburrido, como si Radiohead decidiera regrabar "Creep" cada lunes por la mañana. Robe intenta con desesperación ser el vate de una generación que hace tiempo sintonizó con Drake, pero nos deja clamando por la frescura que grupos como Vetusta Morla al menos intentaron en el indie español. Es como si Robe, emperador desnudo de su propia mitología pasada, nos obligara a asistir al funeral de su músculo creativo sin siquiera haber servido el café. Demasiado tarde para motivarse con Pink Floyd e igual de tarde para conmovernos con metáforas que, al final, son una nana, porque sí, cruel por el tiempo perdido.