Strawberry Fields Forever, otra aburrida muestra de clamor desmesurado hacia The Beatles, la que muchos "conocedores" alaban sin vacilar como una obra maestra, en realidad es más pretenciosa que cualquier canción de los viciosos y emuladores Jagger y compañía en los Rolling Stones. Resulta evidente la autoindulgencia de Lennon y su falta de novedades musicales al plagiar melódicamente al decepcionante Bob Dylan y confundir primitivismo criminal con experimentación artística en una oda a un simple hogar de la infancia. Lennon no aportó nada en comparación a la verdadera genialidad de Frank Zappa o Brian Wilson, pues Strawberry Fields es sólo una alocada y amorfica ensalada de sonidos ornamentales con sus famosos violonchelos y trompetas a la Barry Sadler, salpicándole el caos navideño de Love, y todo mientras George Martin supervisaba aquel incomprensible pasticho instrumental.