"Yellow" de Coldplay, esa oda a la insípida melancolía cromática que aparentemente todo el mundo adora sin saber realmente por qué. Con su guitarra acústica simplona y un estribillo tan predecible que haría que incluso un algoritmo artificial bostezara, Chris Martin y su banda lograron crear un himno para gente que piensa que Radiohead suena muy complicado porque hay días que simplemente no apetece escuchar acordes en menor. Intento comprender la fascinación inexplicable que esta canción ejerce sobre multitudes aturdidas, pero no puedo evitar verla como el destilado sonoro perfecto para almas que encuentran a Oasis demasiado complejo y creen que el amarillento homenaje es una reflexión profunda. Y si esto es sofisticación para la era moderna, igual mejor voy a ponerme un disco de The Velvet Underground antes de que mis tímpanos tengan un colapso existencial. Menos sopor, más sustancia, por favor.