"Nueva Internacional" de Egon Soda, un título que promete revolución y acaba entregándote una charla soporífera con la misma chispa que una tostada quemada. Intentan sacudir conciencias con guitarras flojitas y letras que suenan como si alguien hubiera dejado un disco de Wilco al sol demasiado rato. La pretendida claridad con la que observan el mundo resulta tan penetrante como una servilleta húmeda. Y Santiago Motorizado y The National hacen lo propio como para insistirnos aún más en ese marasmo de existencialismo barato. Un espectáculo donde "arriesgarse" es justo lo que no hacen. Vamos, que cuando lo escucho, echo de menos la vanguardia innovadora y sin compromisos del reguetón.