"The Court of the Crimson King - Live", esa oda pretenciosa al pseudo-progresivo de los años 70, tan manida que ya suena a letanía. Es el tema que los pseudo-intelectuales del rock tiran a la cara, cual bandera de 'conocimiento musical superior', sin haber escuchado una 'Bitches Brew' de Miles Davis o una ópera rock de The Who con la seriedad necesaria. Hablar de King Crimson en directo es presenciar un desfile de veteranos de otras bandas que también fracasaron en hacer algo verdaderamente rompedor, como Keith Emerson lo hizo con ELP. Fripp, con sus manejos de guitarras masturbatorias, es el apóstol del tedio. Compararlo con la multifacética genialidad de Zappa debería considerarse sacrilegio. si lo mejor que puedes sacar de King Crimson en vivo es esta pieza de museo polvorienta, vuelve al baúl y desempolva un buen disco de los 70 que no duela al escucharlo repetidas veces, uno de Genesis antes de que Collins se vendiera al pop facilón, tal vez. O simplemente, supera la etapa y crece.