Por favor, ¿en serio vamos a hablar de la insulsa y pseudomusical creación titulada "Yo quiero a todo el mundo (with Chad Williams)" de Faraón & Los Sarcófagos? ¿No es suficiente que el mundo esté ya plagado de mediocridades sonoras? Este, queridos lectores desprevenidos, es otro aburrido ejemplo de la decadencia creativa del pop moderno: letras básicas –si es que se les puede llamar letras–, melodías simplonas y una producción más preparada para ser servida en papillas comerciales que en platos de consumo gourmet. En lugar de construir un universo propio y original, Faraón & Los Sarcófagos parecen solo reciclar mecánicamente formulaciones probadas por otros artistas, pero–y no se confundan–sin siquiera pisar con timidez los talones de colosos como Bowie, Hendrix o, francamente, cualquiera con un microgramo de talento.