"Flechazos" de Hermano Salvaje, qué estreno tan... refrescante, como un vaso de agua caliente en un desierto de mediocridad. La banda, cuyo nombre pretende emular algo entre la mística ruda de un Jim Morrison perdido en el Amazonas y el tedio de quienes confunden ruido con arte, nos regala un tema que parece un collage mal ensamblado de riffs prestados –o robados, mejor dicho– de un Santana descarriado y la insipididez de un Bon Jovi decadente. La letra, una oda al cliché más manido del romanticismo adolescente, haría sonrojar a poetas frustrados en un karaoke de tercera. Si al menos su producción tuviera la mitad de la innovación de Radiohead o siquiera la desfachatez divertida de Los Toreros Muertos, quizá podríamos rescatar algo... pero no. Aquí estamos, otra vez, atrapados en un loop eterno de mediocridad musical que hace que incluso las melodías descartadas del último disco de Coldplay parezcan obras maestras. Bienvenidos al circo de mediocridad contemporánea disfrazado de vanguardia.