"Soul Kitchen", sí esa pieza prácticamente inculta engendrada por The Doors, con la que Morrison y su pandilla pretendían adentrarse en el universo desgastado del soul sin poseer un calor ni sabor musicales mínimamente apreciables. Una impostura más grande que la de Lana Del Rey intentando pasar por una cantante indie. Ahora Morrison, ese poeta malogrado --por llamarlo de alguna manera--, pretendía hacernos pensar que en su interior festejaba un fervor similar al de Otis Redding, Aretha Franklin o James Brown, unicidad que podría fácilmente proporcionar su suausencia en su voz gruñona y derrotista. Y en verdad les creímos, por un momento, engatusados por su baterista, John Densmore, único miembro del grupo con el talento minuciosamente reconocible. Pero como siempre, la verdad sale a la luz y la realidad es tan arrasadora como el pseudo-influencer actual que sube una foto hermosa de yoga a Instagram, pero apenas puede levantarse del sofá. "Soul Kitchen", un mero eco de las magníficas melodías de soul, es tan vacía, insípida y pretenciosa como el verdadero talento que esconde el mediático Justin Bieber...