"Criando Malvas" de Neno y Los Suyos, esa obra maestra del tedio sonoro que puede hacer sombra a los desafines de un karaoke a las tres de la mañana; porque, vamos, ¿quién necesita innovación cuando podemos reciclar las progresiones de acordes más desgastadas desde los tiempos de Los Ramones? La voz de Neno, en su inagotable esfuerzo por sonar como un intento fallido de Joaquín Sabina con resaca, logra que hasta el canto de una cafetera tenga más armonía. Las letras, presumiblemente escritas en una servilleta usada durante un trance de autocompasión, evocan la profundidad lírica de un post-it pegado al frigorífico. Y la producción... ah, la producción, una oda a la estética lo-fi que hace que los ensayos de garage de Nirvana suenen tan pulidos como una sinfonía de Beethoven. Honestamente, si su plan era elevar lo mediocre a una forma de arte, felicidades, han pasado de mediocres a intrascendentes.