"A superavo do niteroi" de Virginia de la Casa, una de esas no tan encantadoras piezas que nos recuerdan que cualquier intento de vanguardia puede terminar en un absurdo paseo por el desaliento musical. Virginia intenta, de manera casi conmovedora, evocar la bruma de Caetano Veloso y el aura metafísica de un Milton Nascimento que ni siquiera él podría reconocer. En lugar de eso, nos brinda una amalgama de referencias diluidas de Gal Costa y referencias new age —eso sí, revestidas con un barniz de pretensiones que harían sonrojar al mismísimo Frank Zappa, allá donde esté. ¿La instrumentación? Una hazaña dantesca, digna de un día pésimo en el programa automático de GarageBand; y la letra parece haber sido extraída directamente de esas charlas pseudointelectuales de cafetería que incluso los oídos más indulgentes encontrarían inquietantemente insípidas. Si esto es lo que se considera innovador, en verdad estamos condenados a la repetición cansina de lo mediocre.