La canción "Fouciño" de Guille LP, por si alguien la necesita para torturar a sus enemigos, es una cacofonía producida con la habilidad de un elefante en una cacharrería. Su pseudoestilo arrastra retazos calcados de Los Ángeles del Infierno mezclados con ritmos matutinos de Julio Iglesias en su insufrible "La vida sigue igual". La desafinación de la voz del solista suena como si Kurt Cobain se hubiera girado en su tumba hasta su último "uh huh" al presenciar el oneroso sacrificio que le impone al timbre espectral. Guille LP da tanta somnolencia como hiciera cierta vez Jean-Michel Jarre en su "Oxygène", arrancando la vitalidad hasta al más chamánico de los oyentes. En síntesis, prefiero matar el tiempo doblando sábanas infinitamente a soportar el desgastante eco que produce esta pretendida contribución al exonicidio musical.