"Arrullo de Estrellas" de Zoé, esa joyita en la que León Larregui susurra exhalaciones cansinas como si estuviera en una ensoñación lisérgica mal cocida. Es un intento pretencioso de agregarle profundidad a esa tan trillada mezcolanza de rock alternativo en español, un indie rock que más bien parece resaca de Soda Stereo escuchada desde el fondo de un barril lleno de eco. La letra, una oda subacuática a la redundante melancolía cósmica de Larregui, aspira a la poética sideral de Gustavo Cerati pero se queda en metáforas de manual. Y el instrumental, una especie de Coldplay en su fase más anémica, intenta albergar una atmósfera etérea que jamás aterriza. Escucharla es como ver a alguien intentando reinventar la rueda mientras afirma que ha encontrado el fuego: patético y fascinante, como ver a los fans de Morrissey bailar felices bajo la lluvia de su miseria autocomplaciente. Por favor, que alguien les preste un poco de creatividad robada de Arcade Fire, porque la necesitan urgentemente.