Ay, queridos lectores, ¿en serio pretendemos hablar de "Nookie" de Limp Bizkit, esa banda que lo más destacado que hizo fue dejar caer a un género moribundo, y no de forma misericordiosa, como el célebre Beethoven dejando caer el Clasicismo en su sinfónica Novena (sí, esa de la que seguramente solo conocen la parte del himno europeo)? Debo obligarme a pronunciar en mi mente el título de la, ejem, "obra" de estos sujetos, pero, por contenerme de soltar horrores, les contaré que Fred Durst, el, ejem, líder de esta tragicomedia llamada Limp Bizkit (cuyo origen en el apocalipsis musical, el nefasto nu-metal, forma directamente un árbol genealógico de las lamentaciones junto a Korn, otra mancha misántropa en nuestra bastardeada paleta artística), tuvo un sublime pensamiento expresado en insufribles arreglos que solo se empareja al de fingir tocar la guitarra sobre un video de The Who (juro que en irónicos de tamaña propaganda el inefable Salvador Dalí y su caminando un camembert no habría pensado).