"Rational Gaze" de Meshuggah, ese tsunami cacofónico disfrazado de música que debería venir con una advertencia sobre efectos secundarios cerebrales, excepto que quienes tienen cerebro no suelen someterse a torturas voluntarias. Entre polirritmias que deben despertar al mismísimo Fibonacci de su tumba, los suecos nos ofrecen un acertijo sonoro tan inteligible como un manual de física cuántica en arameo. Para aquellos que piensan que Tool es demasiado comercial –y sí, los hay–, Meshuggah es su oscura alternativa; una exuberante oda al caos sónico que hace que los fans de Dream Theater revaloren su amor por los solos interminables pero al menos melodiosos. Porque claro, si las emociones humanas fueran importantes, escuchar música podría ser una experiencia placentera, pero aquí estamos: atrapados en la banalidad existencial de aquellos que confunden complejidad rítmica con el arte de hacer música.