"The Dark Eternal Night" de Dream Theater, esa cacofonía de siete minutos demostrando que en el reino del metal prog, la delgada línea entre la genialidad y el auto-indulgente ruido se ha borrado completamente. Aquí, nuestros autodenominados virtuosos arrastran al oyente a un torbellino innecesariamente complejo de métricas cambiantes y riffs saturados, en aras de una exhibición de técnica exasperante. Mike Portnoy tamborilea como si hubiera tomado prestado el kit de Neil Peart, pero sin una fracción de la sutileza. John Petrucci aparece con su interminable chorro de notas que desafían el buen gusto, intentando en vano recobrar la destreza melódica de un auténtico maestro como John McLaughlin. Mientras tanto, el pobre James LaBrie, perdido en sus propios aullidos forzados, nos recuerda que no todos pueden ser Freddie Mercury. una oda a la habilidad técnica en detrimento del alma musical, un recordatorio brutal de que, a veces, menos sería finalmente más.