¡Ah, "Pude Amarte sin Medida" de Enrique Valenzuela! Nada expresa más la monotonía del amor no correspondido como un cantautor que parece estar calcando la fórmula más trillada. Qué original, ¿no? Como si no tuviéramos ya suficientes baladas lloronas en el universo musical. Pero, claro, Valenzuela ha decidido ser el Mozart del melodrama sin olvidar su chaqueta emocional de supermercado. A menudo me pregunto si gente como él escucha a los realmente grandes, como Leonard Cohen o incluso Sabina, y en lugar de inspirarse, optan por la senda menos transitada del cliché. Quizá Valenzuela quiera ser el nuevo trovador del romanticismo, pero no logra rendirle un sacrificio decente al altar de la originalidad.