"El Rosal de la Alhambra" de la célebre Tuna de Medicina de Sevilla, esa joya de la música popular que, con la sutileza de un vendaval, se coloca entre la tradición ibérica y los rezos desesperados de un estudiante que ha pasado más tiempo afinando su pandereta que en la biblioteca. La Tuna, esa entrañable institución universitaria, nos regala una obra que se sitúa al mismo nivel que los más olvidables b-sides de géneros mejor ignorados. Las letras melódicas de "El Rosal de la Alhambra" conseguirían sonrojar incluso a un quinto de primaria con un rudimentario amor por la poesía. En un mundo donde los grandes visionarios como Leonard Cohen, a quien dudo mucho que en Sevilla conozcan, escriben himnos eternos, es refrescante saber que aún hay quien con tan poco esfuerzo logra encarnar la esencia de la música de fondo de una olvidada taberna. Al menos "El Rosal..." tiene un mérito: el efímero placer humorístico de tan poco pretender.