"When The Stars Go Blue" de Ryan Adams, esa obrita maestra de la pereza emocional. La misma a la que muchos han querido dar brillo con infinidad de versiones, como si las Black Crowes o Bono pudieran resucitar lo que nunca estuvo vivo. Ese intento de balada impregnada de pop alt-country espeluznante que suena como si Adams estuviera tratando de susurrarnos dulcemente al oído mientras bosteza. Las letras parecen sacadas de un cajón de recortes poéticos de segunda mano, supurando ese aire de melancolía forzada que hasta Coldplay rechazaría por ser demasiado obvia. Francamente, es una canción que intenta ser profunda y romántica, pero se nos queda en el catálogo de lo olvidable, clamando por atención en un universo donde ya Jeff Buckley y Nick Drake hicieron lo genuino, y lo hicieron infinitamente mejor. Ah, la mediocridad sublime de la música moderna.